37 Carlos Andrés Pérez (CAP)

En la costa oriental del Lago de Maracaibo, a algunos kilómetros de esta ciudad,
estábamos terminando de construir el Hipódromo de la Rita, quizás la ultima gran obra
que inauguró Jaime Lusinchi, predecesor de CAP en la presidencia del país.

Días antes de las elecciones se organizó en Maracaibo una exclusiva cena, para recaudar
fondos, a la que asistiría CAP
No recuerdo si la entrada costaba 20 mil ó 100 mil dólares.
Mi socio Clérico me pidió asistir, ya que el no podía hacerlo, entiendo que por razones de
salud.
Eramos 5 ó 6 empresarios y CAP.
Había tanta comida de primerísima calidad, quizás diez veces la necesaria para tan pocos
comensales, que durante las conversaciones previas a la llegada del candidato comíamos
el caviar con cucharas soperas.

A la hora de las presentaciones, cuando CAP supo que yo era el contratista del Hipódromo
de Maracaibo, tuvo presente que muchas veces nos habíamos encontrado a las 6 de la
mañana, ambos saliendo del Hotel del Lago a nuestras respectivas tareas. Era un inmenso
trabajador. También un gran adulador. Me dijo que no dudaba que terminaría el
Hipódromo a tiempo y que, si además me veía en la necesidad de correr la primera
carrera, seguro que la ganaría.

Una vez elegido por amplio margen CAP intentó poner en marcha un programa neoliberal,
lo que parecía necesario y además lo exigía el FMI, dada la muy grave situación financiera
de Venezuela.

Pero cometió gravísimos errores políticos.

Asumió el 2 de febrero con una fastuosa inauguración. Primer error.

Al nombrar 7 ministros tecnócratas, ajenos al partido y, como es habitual en ellos sin la
menor sensibilidad política CAP inmediatamente perdió el apoyo de su partido, AD, el mas
importante del país. Segundo error, el que se manifestó cuando se designó presidente del
parlamento a un ADECO del sector opuesto a CAP.

Encomendó la renegociación de la deuda al presidente del mayor banco del país, cuyo
conflicto de intereses generó amplio rechazo de la población ya sometida a los rigores de
la política de liberación de precios y salarios. Otro enorme error.

Antes de cumplir un mes de gobierno, el 27 de Febrero de 1989 el descontento reventó en
el levantamiento popular que pasaría a la historia como El Caracazo:
El pueblo se alzó, saqueó y quemó a placer.
Difícil imaginar peor manera de comenzar un gobierno que terminaría mal.


El Caracazo comenzó en Guarenas.
Al día siguiente reventó en Caracas.
La violencia en las calles era impresionante. Fui testigo de ella porque me gusta ver las
cosas por mi mismo y porque nuestra oficina en la Avenida Andrés Bello, quedaba frente a
un inmenso y violento barrio popular, a una cuadra de una gran tienda por departamentos
que fue saqueada día y noche,.
En la noche, tras el primer día de saqueos en Caracas, en cadena nacional de TV CAP
entregó el gobierno al general Italo del Valle Alliegro, ministro de defensa de su gobierno
y del anterior, sujeto de origen humilde, intelectualmente brillante, excelente
comunicador, muy carismático y apuesto tío de mi amada Belén, quien no disimulaba su
deseo de poseerlo hasta imponerse por masacre, asunto para el cual ella tenía virtudes y
capacidades de sobra. En ese acto CAP declaró que confiaba que en pocos días el general
Del Valle Alliegro le devolvería el gobierno con el país en calma.

Del Valle ordenó matar a todo el que saqueara. Militares y policías cumplieron la orden sin
conmiseración. Y además saquearon, porque la terrible Venezuela siempre ha sido así.

En pocos días, al precio de 2 ó 3 mil muertos, muchos de los cuales apiñados unos sobre
otros eran trasladados en camionetas que circulaban por la ciudad a la vista de todos, Italo
Del Valle puso al país en calma. Con esto se sembró el brutal resentimiento que pocos
años después llevó al poder al más grande de todos los ladrones, en un país donde ese
título es muy difícil de alcanzar: Hugo Chavez Frías.

Meses después Italo del Valle era el hombre más popular de Venezuela.
No se postuló a la presidencia del país porque no quiso.
Y no quiso porque, según años más tarde se supo, estaba involucrado en el lavado de
billones de dólares del narcotráfico

En enero de 1992 Hugo Chávez y numerosos militares de bajo rango intentaron ocupar el
palacio de gobierno y asesinar al presidente CAP.

El golpe fue rápidamente controlado.
Al mediodía se reunió el Congreso Nacional para resolver acerca de lo ocurrido. David
Morales Bello, líder de Acción Democrática propuso fusilar inmediatamente a los alzados.
Rafael Caldera en un acto que lo hizo pasar a la historia como el más traidor, resentido y
aprovechador de los venezolanos dijo que no se podía meter preso a los alzados porque
los que deberían estar en la cárcel eran el presidente de la República y todos los miembros
de ese gobierno corrupto e incapaz.
A la intervención de Caldera se sumó que el comandante del ejército, apenas controlado
el alzamiento, había permitido que Hugo Chávez se dirigiera a los alzados para pedirles
que depusieran las armas.
Chávez tuvo el acierto de declarar que el golpe había terminado “por ahora”.

Este par de gravísimos hechos políticos produjo un brutal vacío de poder en el país.
En la primera reunión de la Cámara de la Construcción de Venezuela efectuada después
del golpe de Chávez, el consenso entre los grandes contratistas de la nación, entre
quienes yo me encontraba, era que el país no tenía autoridad ninguna, que de la noche a
la mañana un gobierno fuerte y autoritario como el de Carlos Andrés se había convertido
en un gobierno sin poder alguno y que no había nadie en el país que pudiera tomar
decisiones que pudieran ser aceptadas por todos.

En noviembre del mismo año hubo un segundo golpe de estado, esta vez con bombardeo
aéreo que afectó al centro de Caracas y al propio palacio de gobierno. Tuve la suerte de
poder grabar, desde el techo de mi casa en la parte alta de la Castellana videos donde se
ven pasar en vuelo muy bajo los aviones que bombardeaban la ciudad.

El partido Acción Democrática cometió el inmenso error de destituir al debilitado
presidente.
Primero organizaron las cosas para que fuera acusado de haber dado una ayuda
realmente ridícula a una presidenta de un partido centroamericano en su lucha por
mantenerse en el poder en ese país.
Una vez que la Corte Suprema aprobó esa acusación, el Senado mayoritariamente votó
por la destitución de Carlos Andrés.
Poco tiempo después Rafael Caldera el más grande de todos los resentidos que haya
producido Venezuela fue nuevamente elegido presidente de la República.
Meses después Caldera indultó a Hugo Chávez, con lo que Chávez pudo presentarse como
candidato a la presidencia de Venezuela en elecciones que ganó amplia y limpiamente en
un país donde los resentidos ya eran mayoría absoluta.